Mi granito de arena

A lo largo de mi carrera profesional he tenido la suerte de participar en proyectos variados, sin duda, innovadores, en la gran mayoría de los casos, e ilusionantes, todos ellos.

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Que el Ministerio de Defensa me diera la oportunidad de introducir nuevos conceptos en el programa "Combatiente del futuro" y que financiara la construcción de prototipos que demostraban las posibilidades de la tecnología que les planteaba, resultó alentador y me permitió tener un primer contacto con el mundo de la investigación científica.

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La experimentación en laboratorio y la consecución de resultados hizo que me enamorara de la ciencia base. Despertó en mí un enorme respeto por quienes día a día tratan de hallar sus límites y extraer sus secretos, y un sentimiento de protección hacia ellos casi paternalista. Tanto es así que, cuando me ofrecieron quedarme en el Centro de Investigación ayudando con mis prototipos, no pude decir que no.

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Durante esos años, cada nuevo proyecto en el que me involucraba fue para mí fuente de conocimiento y semilla de nuevas ideas. Cada prototipo que diseñaba para ayudar a un investigador a avanzar en su trabajo, suponía un aliciente que me hacía desear llegar al laboratorio cada mañana y echar horas extras al final del día… y así, participé en decenas de proyectos singulares y heterogéneos.

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Sin embargo, llegó un momento en el que el prototipado de apoyo ya no era suficiente. Hacía falta introducir nuevos equipos cada vez más sofisticados, adaptar las instalaciones para crear un entorno de trabajo más cómodo y productivo… en definitiva, mejorar las condiciones de los investigadores para ayudarles a progresar. Fue así como pasé de pensar en la ciencia a pensar en el científico.

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Como una cosa lleva a la otra, en unos años ya no diseñaba prototipos sino instalaciones para la investigación, y ya no me reunía con proveedores de materiales o de equipamiento científico, lo hacía con contratistas y arquitectos. Esto me llevó a formar parte del mundo empresarial que rodea a la investigación, a apreciar la importancia del papel que juega cada uno de los integrantes de una organización en pro de la ciencia.

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En esta etapa fue interesante ver como las soluciones que daba a las necesidades particulares de nuestros laboratorios, servían igualmente a los Centros de Investigación que nos rodeaban, y muy gratificante lo mucho que apreciaban tener un consultor cercano al que recurrir. Quedaron al descubierto las carencias que rodean a la investigación científica y la generalización de necesidades que, por estar mal cubiertas, retrasan los resultados de investigación. Esto me llevó a pensar en la necesidad de crear Parque Tecnológico Virtual.

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Parque Tecnológico Virtual, ya no es asistir a un investigador para avanzar su trabajo, ni ayudar a un departamento a mejorar sus instalaciones, ni gestionar la logística de un Centro Tecnológico para aumentar su productividad… es mucho más. Es acercar, allá donde se hace I+D+i, los recursos que necesita cada eslabón de la cadena para hacer más fácil y productivo su trabajo, favoreciendo así la obtención de resultados. Es abrir nuevos mercados. Es crear empleo.

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Ésta es, hasta ahora, la empresa más grande de las que he emprendido, ya que no trata de ayudar a un investigador, sino a toda una comunidad, ni a un proyecto, sino a todos los que éstos tienen entre manos, ni a una empresa, sino a todo un tejido productivo.

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Es evidente que un plan tan ambicioso está exigiendo un esfuerzo de preparación enorme. Pero vale la pena cada minuto que le dedicamos, por las empresas que ayudaremos a crear, por los avances que favoreceremos y por el empleo que generaremos. Parque Tecnológico Virtual es mi compromiso con la ciencia, mi agradecimiento a la comunidad científica, mi granito de arena.

Carlos González Baena 
Director Gerente